CUARTA UNIDAD: ESPAÑOL MEDIEVAL
Cuarta
Unidad: español medieval
El castellano
medieval, también conocido como castellano antiguo, es una lengua que
se habló entre el siglo X y
el siglo XV, cuando un
reajuste consonántico dio nacimiento al castellano contemporáneo.
El sistema fonológico del castellano medieval era
muy cercano al de las lenguas
romances actuales. Las consonantes contaban con tres pares de
sibilantes, sordas y sonoras con valor de distinción fonológica.
En el castellano medieval, los perfectos compuestos
de los verbos de movimiento se construían mediante el auxiliar «ser».
Por ejemplo, la frase actual «Las mujeres han llegado» se
decía «Las mugieres son llegadas». Por otra parte, la pertenencia y
la posesión se expresaban con el verbo «aver» (hoy, «haber»),
con frases como «Carlos dos fijas ha» («Carlos tiene dos
hijas»).
En cuanto al pretérito perfecto compuesto, el
participio pasado solía concordar
en género y número gramaticales con el objeto directo. La oración
actual «Elena ha cantado tres canciones», en castellano medieval
quedaría como «Elena ha cantadas tres canciones».
Otra diferencia importante entre el castellano
antiguo y el castellano moderno es que, en la antigüedad, el orden de las palabras
dentro de una oración era más
libre. Incluso, el verbo podía aparecer al final («Cuya es la cosa,
genitivo caso es»).
La obra más destacada escrita en castellano medieval
es el «Cantar de mio Cid», un
texto anónimo que narra hazañas heroicas inspiradas en los últimos años del
caballero castellano Rodrigo Díaz de Vivar.
Los versos de esta obra se encuentran divididos
en dos hemistiquios, cada
uno de entre 4 y 13 sílabas, separados por cesura. No presenta división en estrofas; en cambio, los versos se
agrupan en tiradas (series
de versos con una misma rima asonante).
Se supone que el «Cantar de mio Cid» (tal como se conoce a esta obra,
aunque no se sabe su título original) fue escrito alrededor del año 1.200.
Mester de Juglaría: definición y
características
El Mester de Juglaría, conocido igualmente como Juglar, es un personaje propio medieval que cobró gran relevancia durante el siglo XII. Su función era entretener al público informando sobre hechos populares de interés. Estos personajes recitaban principalmente cantares de gesta, aunque también interpretaban canciones, hacían malabarismos, bailes, chistes o cuentos, entre otras muchas actividades.
Por lo general, el propio juglar creaba las obras, y
se valía del estilo y su creatividad propia para presentar asuntos de la vida
cotidiana de forma fantástica. Por ello, los temas más habituales en sus
creaciones eran los cantos épicos,
los poemas amorosos y las gestas heroicas.
El lenguaje literario usado por el juglar se
caracterizaba por métrica
irregular y uso de la rima asonante. Los recursos literarios eran
sencillos, pero buscaban la fuerza narrativa con simpleza, cargando las
composiciones de epítetos épicos y exclamaciones. Sus fuentes eran anónimas, de
carácter oral y modificado a conveniencia, enfocadas a un público iletrado.
Entre los poemas más célebres, encontramos el Cantar
de Mio Cid, el Cantar de Fernán González, el Cantar de
los siete Infantes de Lara o el Cantar de Sancho II.
Mester de Clerecía: definición breve,
Por
su parte, el Mester de Clerecía comienza
a ganar presencia en el siglo XIII. En este caso, la función era el
adoctrinamiento por medio de enseñanzas contadas en relatos con fuente
conocida, generalmente extraídos de bibliotecas de monasterios.
La función del Mester era
educar al pueblo en la fe por medio de enseñanzas religiosas
y morales. Para ello, leían historias de forma colectiva, pero también
individual, usando un lenguaje literario repleto de recursos complejos como
metáforas, alegorías o símbolos.
En este caso, se usaban los versos alejandrinos con rima consonante y
personajes como la Virgen, Dios, los santos e incluso la historia nacional, que
eran los protagonistas habituales del relato.
Los encargados de transmitir las historias se
conocían como clérigos, que
usaban estilo culto y artístico usando recursos léxicos y sintácticos elevados
mezclados con lenguaje popular para acercarse al pueblo con tono coloquial.
Buen ejemplo de ello son obras como Las vidas de San Millán o Los
Milagros de Nuestra Señora, de Gonzalo
de Berceo.
El origen de la prosa, lo podemos encontrar en Jonia, durante el siglo VI a.C. cuando se utilizaba un tipo de prosa narradora para describir lugares, costumbres y relatos en una lengua que era diferente a la lírica. El mayor desarrollo de la prosa en la antigüedad sucedió en Atenas durante los siglos V y VI a.C. Este fue el momento en el que se propuso por primera vez el uso de un instrumento de la lengua que era capaz de poder representar el pensamiento abstracto. En la cultura romana, los géneros narrativos no estuvieron ligados a ella pero existían caracteres musicales ligados a la prosa. Durante el Renacimiento, se propuso una gama más amplia en cuanto a los géneros de la prosa y en la Ilustración, la prosa pasó a ser la poética del clasicismo.
Durante la época de Alfonso X, aparecieron las primeras prosas, luego de un periodo de desarrollo. Estas obras tenían un
carácter erudito y se
enfocaban en textos históricos, religiosos, de historias populares, filosóficas y jurídicas. Ya en el
siglo XIX, se logra hacer una adecuada distinción entre la prosa y la poesía, dando a paso a diferentes
tipos de prosa.
El mayor desarrollo de la prosa en la antigüedad
sucedió en Atenas durante
los siglos V y VI a.C. Este
fue el momento en el que se propuso por primera vez el uso de un instrumento de
la lengua que era
capaz de poder representar el pensamiento abstracto. En la cultura romana, los
géneros narrativos no estuvieron ligados a ella pero existían caracteres musicales ligados a la
prosa. Durante el Renacimiento,
se propuso una gama más amplia en cuanto a los géneros de la prosa y en la
Ilustración, la prosa pasó a ser la poética del clasicismo.
Durante la época de Alfonso X, aparecieron las primeras prosas, luego de un periodo de desarrollo. Estas obras tenían un
carácter erudito y se
enfocaban en textos históricos, religiosos, de historias populares, filosóficas y jurídicas. Ya en el
siglo XIX, se logra hacer una adecuada distinción entre la prosa y la poesía, dando a paso a diferentes
tipos de prosa.
La
lengua en el siglo XIV
El primero de todos, y quizá el más importante, es
el cambio radical de intereses que reflejan las traducciones de este período, y
que se materializa en el abandono casi total del árabe como lengua origen de
traducción y su sustitución por el latín, el griego y las lenguas romances del
entorno geográfico. Era un cambio anunciado por la muy diferente circunstancia
histórica en la que se desarrolla el siglo XIV. En efecto, la reconquista
cristiana del territorio peninsular bajo dominio árabe concluye entera (salvo
el pequeño reino de Granada, que perdurará hasta 1492) en el siglo XIII:
durante estos cien años el avance hacia el sur fue constante: sucesivamente
cayeron en manos cristianas Mallorca (1229), Córdoba (1236), Valencia (1238),
Murcia (1243), Jaén (1246) Sevilla (1248), Cádiz (1262), Cartagena (1279) y
hasta la punta extrema de Tarifa en 1285. A partir de este momento la cultura
árabe y en árabe desaparece de la Península porque también desaparece lo árabe.
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