QUINTA UNIDAD: ESPAÑOL PRECLÁSICO Y CLÁSICO
Quinta
Unidad: Español preclásico y Clásico
El
Siglo de Oro, representa una etapa de transición en
la historia de la lengua castellana. Rafael Lapesa en su Historia de la
lengua española el “español del Siglo de Oro”, lo
denomina español clásico, y el período inmediatamente anterior, que
abarca el último cuarto del siglo XV y el primero del XVI (1474-1525) y, que
coincide aproximadamente con el reinado de los Reyes Católicos lo llama el
español preclásico.
La Gramática
castellana (en su título original en latín: Grammatica Antonii
Nebrissensis [...]) es un texto escrito por Antonio de Nebrija y
publicado en 1492. Constituyó la primera obra que se
dedicaba al estudio de la lengua castellana y sus reglas. Anteriormente, habían
sido publicados tratados sobre el uso de la lengua latina, como el de Lorenzo Valla, Tratado sobre
gramática latina de 1471. No obstante, la Grammatica es
el primer libro impreso que se centra en el estudio de las reglas de una lengua romance.4 La hazaña de Antonio de Nebrija,
a la que debe una posición de primer orden en la historia, es haber compuesto
la primera Gramática castellana, primera también entre las gramáticas
románicas, a las que servirá de modelo.5
Cuando fue presentado a la reina Isabel en Salamanca en el año de su publicación,
la reina cuestionó el mérito de semejante obra; Fray Hernando de
Talavera, obispo de Ávila, contestó por el autor con palabras
proféticas, como recuerda el propio Nebrija en una carta dirigida a la monarca:
El idioma español (también
llamado castellano) es una lengua romance del grupo ibérico. Es uno
de los seis idiomas oficiales de la Organización de las Naciones Unidas.
El español es la tercera lengua más hablada del
mundo por el número de hablantes que la tienen como lengua materna (tras
el chino mandarín y el inglés). Lo hablan
como primera y segunda lengua entre 450 y 500 millones de personas. Es el
tercer idioma más hablado contando a los que lo hablan como primera o segunda
lengua, por detrás del chino mandarín y del inglés.
El español, como el resto de lenguas romances, es la
continuación moderna del latín hablado (denominado latín vulgar), desde el
siglo III a. C. y que, tras la desmembración del Imperio Romano, fue
divergiendo entre las distintas provincias del antiguo Imperio, dando lugar
mediante una lenta evolución a las distintas lenguas neolatinas. Merced a su
propagación por América, el español es, con diferencia, la lengua neolatina que
ha logrado la mayor difusión.
Por otro lado, como
lengua extranjera, el español es el segundo idioma más estudiado en
el mundo tras el inglés, con al menos 14 millones de estudiantes, si bien otras
fuentes indican que se superan los 46 millones de estudiantes distribuidos en
90 países.
Época de oro:
aspectos literarios y
El Siglo
de Oro español es el nombre que se da al periodo que abarca
aproximadamente desde 1492 a 1659. La fecha de inicio es también la del final
de la Reconquista, la del primer viaje de Cristóbal Colón a América y la de la publicación de la
Gramática castellana de Antonio de
Nebrija, la primera en estudiar el castellano y fijar sus reglas; es
también la primera de una lengua románica. 1659 marca el final del Siglo de Oro
político, aunque como manifestación artística suele retrasarse la fecha a 1681,
año de la muerte del escritor y dramaturgo Calderón de la Barca.
Durante este tiempo, España se hizo con un
lugar relevante en el escenario mundial al convertirse en una superpotencia política –especialmente
durante los reinados de Carlos I y Felipe II, a lo largo del siglo XVI– y
esto se refleja en algunas de las grandes contribuciones españolas a
las humanidades. Nombres muy conocidos
como Cervantes o Velázquez son solo algunos entre los que
llevaron a España a alcanzar este estatus. El descubrimiento del Nuevo Mundo y
el asentamiento en algunas zonas del mismo, las aportaciones al arte, la música
y la literatura son importantes marcas que estos maestros dejaron, y que
llegan hasta el día de hoy.
Respecto a la pintura, el Siglo de Oro español se
caracteriza por una fase inicial de renacimiento tardío y otra más marcada por
el arte barroco. Uno de los pintores más destacados de esta época de
florecimiento es el griego Doménikos Theotokópoulos, conocido en su país
adoptivo como El Greco.
Formado en Bizancio, Venecia y Roma, conocía bien las obras de Tiziano,
Tintoretto y Miguel Ángel; este último marcó definitivamente su estilo, que
evolucionó hacia una muy particular interpretación del manierismo durante su
etapa en Toledo. Asentado en esta ciudad castellana entre 1577 y su muerte,
allí se conserva buena parte de su revolucionaria obra, con cuadros tan
representativos como El expolio o El entierro del
Conde de Orgaz. Su estilo de pintura destaca por sus características
figuras alargadas, una iluminación antinaturalista que parece emanar de los
personajes y los colores saturados.
Pero el pintor más destacado del Siglo de Oro es sin
duda Diego Velázquez. Nacido el 6 de
junio de 1599 en Sevilla, es quizá el pintor más importante e influyente
de la historia de España. Supo captar la atención de los monarcas y
estadistas de Europa por pintar retratos con un enfoque realista que
no descuidaba la emoción. Su obra más conocida es Las Meninas, toda una revolución
pictórica en la que Velázquez se incluyó a sí mismo entre los personajes
retratados y que hoy es una de las piezas más admiradas del Museo del
Prado de Madrid.
Durante el siglo XVI, la mayoría, si no toda la
música, se escribía para la iglesia en himnos, evangelios y otras piezas
seculares. Las obras de Tomás Luis
de Victoria, Francisco
Guerrero y Alonso Lobo rompieron
el molde tradicional de la composición musical en España. Su música tenía la
cualidad de capturar emociones como el éxtasis, la nostalgia,
la alegría y la desesperación. Al liberarse de las piezas
tradicionales escritas para la Iglesia Católica, estos autores contribuyeron en
gran medida a la transición al barroco español.
Probablemente sea la literatura la disciplina artística
del Siglo de Oro con un mayor número de representantes destacados. La
literatura del siglo XVI está marcada por dos de las figuras más influyentes de
la poesía española, Garcilaso de
la Vega y San Juan de
la Cruz. El primero contribuyó a la difusión del verso endecasílabo y
las estrofas italianas en el castellano, con algunos de los sonetos más
reconocidos de la historia de la literatura española. San Juan de la Cruz es,
por su parte, considerado como la cumbre de la poesía mística en castellano, y
su influencia ha trascendido las fronteras españolas.
También en el siglo XVI se publican dos obras en
prosa que tendrán una importante repercusión en la literatura posterior:
la Tragicomedia de Calisto y Melibea, publicada en torno a
1499, y que ha pasado a la posteridad como La Celestina, y La
vida del Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades, de
1554. La primera se ha considerado obra de Fernando de Rojas, aunque existen diferentes hipótesis al
respecto, y es una novela dialogada con un fuerte componente de crítica social.
Esta obra marca el paso definitivo de una sociedad medieval (y su literatura)
al renacimiento, y conoció un rotundo éxito a lo largo de todo el siglo XVI,
pese a las críticas moralizantes de su contenido y a la censura inquisitorial
que padeció. El Lazarillo de Tormes, por su parte, es una obra
realista anónima (atribuida en la actualidad al diplomático y erudito Diego Hurtado de Mendoza) que inaugura
el género picaresco, caracterizada por una feroz crítica moral y de costumbres.
El siglo XVII trae consigo dos corrientes poéticas
enfrentadas, el culteranismo de Luis
de Góngora y el conceptismo de Francisco de Quevedo, que cultivaron versos de gran complejidad
además de una extrema antipatía hacia el otro, a menudo recogida en sus
poemas. Lope de Vega, amigo
cercano de Quevedo, recupera las métricas populares y las mezcla con las cultas
en sus obras teatrales. Este autor, inmensamente popular entre el público, y
apodado Monstruo de la naturaleza por Cervantes a causa de su ingente
producción –hasta 1800 comedias, según algunos estudiosos–, introduce una serie
de innovaciones en el teatro que recoge en su tratado Arte nuevo de
hacer comedias en este tiempo (1609).
Pero la figura más relevante de todo el siglo XVII es, sin duda, Miguel de Cervantes. El autor de la que con frecuencia se señala como la primera novela moderna, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1605), siempre quiso sobresalir como poeta y dramaturgo, pero consiguió la fama inmortal gracias a la prosa. Partiendo de una sátira de los libros de caballería, Cervantes se embarca en una crítica social y una exploración de la naturaleza humana en la que retrata el choque entre idealismo y realidad, y en la que exhibe su dominio del diálogo a través de las conversaciones entre don Quijote y Sancho.
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